5 cosas que un colombiano extraña cuando vive en el extranjero

por laeconomista.es | Sep 14, 2026 | Migración

Colombiano en el extranjero recordando las cosas que más extraña de Colombia.

Migración · 7 minutos de lectura

Resumen en 30 segundos

  • Emigrar no solo implica adaptarse a otro país: también cambia la relación con el lugar de origen.
  • Muchos colombianos extrañan la espontaneidad de la gente y la facilidad para conversar con desconocidos.
  • La forma de celebrar, el barrio, la vivienda y las rutinas diarias suelen pesar más de lo esperado.
  • Compartir vivienda en el extranjero puede suponer una pérdida temporal de intimidad y espacio propio.
  • La comida colombiana concentra recuerdos familiares, sociales y emocionales difíciles de reemplazar.
  • La nostalgia migrante no es una contradicción: forma parte de aprender a vivir entre dos mundos.

Emigrar también significa descubrir que muchas cosas que parecían normales eran, en realidad, parte esencial de la propia identidad.


Colombiano adaptándose a la vida en el extranjero.

La nostalgia cotidiana de vivir fuera de Colombia

Emigrar tiene una parte emocionante. Permite conocer nuevas culturas, aprender otras formas de vivir, resolver problemas desde una perspectiva distinta y construir una versión nueva de uno mismo.

Pero, con el paso del tiempo, también aparece una sensación que muchos colombianos reconocen cuando viven fuera: la nostalgia por las pequeñas cosas.

No siempre se extraña únicamente a la familia o a los amigos. A veces se echan de menos sonidos, rutinas, conversaciones, espacios, olores y sabores que parecían completamente normales cuando formaban parte del día a día.

La distancia cambia la manera de mirar el país. Aquello que antes podía parecer ruido, desorden o costumbre empieza a convertirse en memoria. Y, en ese proceso, cada colombiano descubre una lista distinta de ausencias.

1. La gente y la facilidad para hablar con cualquiera

Hay algo muy particular en Colombia: la conversación aparece con facilidad.

Se habla con el vecino, con la señora de la tienda, con el taxista, con quien está al lado en una fila o con alguien que se acaba de conocer. En pocos minutos puede surgir una charla que parece llevar años de confianza.

Cuando se vive en otro país, esa espontaneidad no siempre existe de la misma manera. No se trata de decir que una cultura sea mejor que otra. Simplemente funcionan distinto.

Por eso muchos colombianos terminan extrañando las conversaciones improvisadas, el sentido del humor, el “¿y usted de dónde es?”, el comentario en el supermercado o esa capacidad de generar cercanía en situaciones cotidianas.

La capacidad de moverse entre mundos distintos

También hay una experiencia muy colombiana que suele entenderse mejor al salir del país: crecer en una sociedad donde conviven realidades económicas, sociales y culturales muy diferentes.

Una persona puede sentirse acomodada cuando vuelve a su barrio y, al mismo tiempo, sentirse fuera de lugar entre ciertos compañeros de universidad o trabajo. Esa convivencia entre mundos distintos no siempre es fácil, pero educa.

Permite observar, adaptarse y entender que una ciudad puede contener muchas vidas al mismo tiempo. Amigos del barrio, compañeros de universidad, comerciantes, profesionales, empresarios, personas del campo y familias con trayectorias muy diferentes forman parte de una misma experiencia social.

Dato útil

Una de las cosas que más se extrañan al emigrar no siempre es un lugar concreto, sino una forma de relacionarse: la confianza rápida, la conversación informal y la sensación de cercanía con personas que no forman parte del círculo íntimo.

2. La forma de celebrar

Los colombianos tienen una relación muy particular con la celebración. No siempre hace falta una gran ocasión.

Un cumpleaños, una visita familiar, una graduación, un partido de fútbol, diciembre o simplemente la frase “hagamos algo” pueden convertirse en una reunión de diez, veinte o treinta personas.

La celebración en Colombia suele ser colectiva, ruidosa, larga y familiar. Además, cambia por completo según la región.

  • Un costeño puede extrañar un parrandón vallenato cerca del mar.
  • Un caleño puede sentir nostalgia al escuchar salsa lejos de Cali.
  • Un paisa puede echar de menos sus reuniones familiares, sus músicas y sus códigos sociales.
  • Alguien del Pacífico puede recordar otros ritmos, sabores y maneras de encontrarse.
  • Un rolo puede extrañar los planes urbanos, los encuentros de barrio o la vida social de Bogotá.

Colombia contiene muchas Colombias. Por eso no existe una única respuesta a la pregunta de qué extraña un colombiano cuando vive fuera. Cada región construye su propia nostalgia.


Familia colombiana celebrando una reunión tradicional.

3. Tener un espacio propio

Esta es una de las partes de la migración de las que menos se habla.

En Colombia muchas personas viven solas, en pareja, con sus padres o con su familia. Incluso cuando comparten casa, normalmente lo hacen con personas conocidas o dentro de una dinámica ya construida.

Emigrar puede cambiar esa realidad de forma brusca. Llegar a otro país suele significar alquilar una habitación y compartir cocina, baño y zonas comunes con desconocidos.

Ese cambio exige una gran capacidad de adaptación. De repente hay que aprender los horarios, costumbres, formas de cocinar, limpiar, recibir visitas y entender la convivencia de personas de otros países.

Cuando emigrar implica vivir con menos intimidad

Para algunas personas, compartir vivienda es simplemente una etapa. Para otras, puede convertirse en una de las partes más difíciles del proceso migratorio.

No se trata solo de tener menos metros cuadrados. También implica perder temporalmente una sensación de intimidad que antes se daba por sentada.

  • Extrañas llegar a casa y cerrar la puerta.
  • Extrañas caminar por la cocina en pijama sin pensarlo demasiado.
  • Extrañas tener tus cosas exactamente donde quieres.
  • Extrañas invitar a alguien sin consultarlo.
  • Extrañas sentir que el lugar donde vives realmente es tuyo.

Error frecuente

Pensar que emigrar siempre mejora de inmediato las condiciones materiales de vida.

En muchos casos, el proceso implica renunciar temporalmente a comodidad, espacio o privacidad para avanzar en otros aspectos: estudiar, trabajar, ahorrar, regularizar la situación o construir una nueva estabilidad.

Al mismo tiempo, compartir vivienda también deja aprendizajes. Enseña a poner límites, negociar, convivir, respetar otras formas de vida y entender culturas diferentes desde una experiencia muy cotidiana.

Quizá antes se tenía una casa entera y ahora solo una habitación. Pero también se está construyendo un proyecto nuevo. Esa es una parte real de emigrar.

4. El barrio y las pequeñas cosas de todos los días

Hay cosas que muchas personas jamás imaginaron que iban a extrañar.

La tienda de la esquina. Comprar algo rápido sin recorrer un supermercado enorme. Que alguien conozca tu nombre. Escuchar música desde otra casa. Los vendedores ambulantes. Los sonidos de la calle. Los domingos familiares.

Cuando se vive en Colombia, muchas de esas escenas pasan desapercibidas porque forman parte de la rutina. Desde la distancia, en cambio, se entiende que los lugares también tienen personalidad.

El barrio colombiano tiene una identidad muy marcada. Puede ser ruidoso, desordenado, comercial, cercano y profundamente social. Algunas de esas características quizá eran precisamente las que alguien quería dejar atrás al emigrar. Pero después descubre que también formaban parte de su manera de entender el mundo.

El clima también se extraña

Colombia tiene una diversidad climática que muchas veces se da por sentada. En pocas horas se puede pasar de una ciudad templada a tierra caliente, montaña o frío.

Cuando una persona emigra a un país con estaciones marcadas, la relación con el clima cambia. Los inviernos largos, los días cortos o las temporadas en las que el tiempo condiciona todos los planes pueden pesar más de lo esperado.

Entonces se terminan extrañando incluso cosas que antes se criticaban: el calor, la lluvia repentina o la humedad. La nostalgia también tiene sentido del humor.


Barrio colombiano con tienda de esquina y vida cotidiana.

5. La comida colombiana

Para muchos colombianos, esta es la ausencia más fuerte.

Y no se trata solamente de un plato específico. Cuando alguien dice que extraña la comida colombiana, en realidad está hablando de muchas cosas al mismo tiempo.

  • El desayuno.
  • El pan.
  • Las frutas.
  • Un buen jugo.
  • Una arepa que realmente sepa a arepa.
  • Los almuerzos caseros.
  • Las sopas.
  • Los fríjoles.
  • El arroz.
  • El sancocho.
  • Los pandebonos recién hechos.
  • Las empanadas.
  • El café acompañado de una conversación.

La lista podría continuar durante páginas, porque cada región tiene sus propios sabores y recuerdos. Pero con el tiempo muchos migrantes entienden algo importante: no se extraña únicamente el sabor.

Se extraña todo lo que ocurría alrededor de la comida: la persona que la preparaba, la mesa donde se compartía, las conversaciones, los domingos, las visitas, los cumpleaños y los viajes por carretera en los que alguien decía: “paremos aquí a comer algo”.

La comida tiene una capacidad única para guardar recuerdos. Un olor puede devolver a una persona, por unos segundos, a una cocina, una calle o una etapa completa de su vida.

Por eso alguien puede llevar años viviendo fuera, entrar un día a un restaurante colombiano, sentir un olor familiar y regresar mentalmente a un lugar que creía lejano.

Esa es una de las cosas más bonitas y más difíciles de emigrar: la distancia obliga a mirar la cultura propia desde otra perspectiva.

Emigrar también significa aprender a vivir entre dos mundos

Después de varios años en el extranjero ocurre algo curioso. Cuando se está fuera, se extraña Colombia. Y cuando se vuelve a Colombia, quizá se empiezan a extrañar algunas cosas del país donde ahora se vive.

La migración transforma la identidad. Una persona ya no pertenece únicamente a un lugar. Aprende nuevas costumbres, incorpora otras maneras de pensar y construye una vida diferente.

Pero determinados sonidos, sabores y recuerdos siguen conectándola con el país donde comenzó su historia.

Eso no tiene por qué ser una contradicción. Se puede querer profundamente el país donde se construye el presente y, al mismo tiempo, sentir nostalgia por el país de origen.

¿Qué puede hacer más llevadera la nostalgia?

La nostalgia no desaparece por completo, pero puede integrarse mejor en la vida cotidiana. Algunas decisiones ayudan a mantener un vínculo sano con Colombia sin impedir la adaptación al nuevo país.

  1. Crear pequeñas rutinas colombianas en casa, como preparar una comida típica o tomar café con calma.
  2. Mantener contacto regular con familiares y amigos, sin que la distancia se convierta en aislamiento.
  3. Buscar comunidades colombianas o latinoamericanas en la ciudad de residencia.
  4. Compartir la cultura propia con personas del nuevo entorno.
  5. Aceptar que extrañar no significa haber tomado una mala decisión.

Dato útil

La nostalgia migrante suele aparecer con más fuerza en fechas señaladas, celebraciones familiares, cambios de estación o momentos de incertidumbre. Reconocerla ayuda a gestionarla mejor.

Preguntas frecuentes

¿Qué es lo que más extrañan los colombianos cuando viven fuera?

Depende de cada persona, pero suelen repetirse cinco elementos: la familia, la comida, la forma de relacionarse, las celebraciones y la vida cotidiana del barrio.

¿Por qué se extraña tanto la comida colombiana?

Porque no solo representa sabores. También está vinculada a recuerdos familiares, conversaciones, celebraciones, viajes y rutinas que formaban parte de la identidad personal.

¿Es normal sentir nostalgia después de emigrar?

Sí. La nostalgia es una parte habitual del proceso migratorio. Puede aparecer incluso cuando la persona está satisfecha con su nueva vida.

¿La nostalgia significa que emigrar fue una mala decisión?

No necesariamente. Extrañar el país de origen no invalida el proyecto migratorio. Muchas personas pueden sentirse agradecidas por su nueva vida y, al mismo tiempo, echar de menos su cultura.

¿Todos los colombianos extrañan lo mismo?

No. La nostalgia cambia según la región, la ciudad de origen, la familia, la edad, la situación económica y la experiencia migratoria de cada persona.

¿Cómo se puede mantener el vínculo con Colombia viviendo en el extranjero?

A través de la comida, la música, las llamadas familiares, las celebraciones, las comunidades migrantes y las rutinas personales que permitan conservar una conexión emocional con el país.

Conclusiones clave

  • Emigrar cambia la relación con Colombia y permite valorar aspectos que antes parecían cotidianos.
  • La gente, la conversación espontánea y la cercanía social son algunas de las cosas que más se extrañan.
  • Compartir vivienda en el extranjero puede ser uno de los ajustes más difíciles del proceso migratorio.
  • El barrio colombiano representa una forma de vida social que muchas personas descubren desde la distancia.
  • La comida concentra memoria, familia, identidad y pertenencia.
  • Vivir entre dos mundos no es una contradicción, sino una consecuencia natural de la migración.

La visión de La Economista

La migración también tiene un coste emocional

Cuando se habla de emigrar, muchas veces el análisis se concentra en empleo, vivienda, ingresos, papeles o coste de vida. Todos esos factores son importantes, pero no explican por completo la experiencia migratoria.

También existe un coste emocional que suele medirse en rutinas perdidas, conversaciones que ya no ocurren, espacios compartidos y sabores difíciles de encontrar. No siempre es dramático, pero sí profundo.

Entender esa dimensión ayuda a mirar la migración con más realismo. Emigrar no consiste solo en cambiar de país. También implica reconstruir la vida cotidiana sin dejar de llevar consigo el lugar del que se viene.